El dedo en la llaga 
Con motivo del golpe de Estado de 1981, un actor catalán (Juanjo Puigcorbé) y otro vasco (Karra Elejalde) marchan a Argentina para hacer una gira teatral. La gira es un desastre, y acaban en un pueblo perdido de la pampa, sin un duro en los bolsillos y con el coche estropeado. Para poder arreglarlo, pactan con las autoridades la representación de una obra teatral. La idea es acogida con entusiasmo por la dueña de la pensión del pueblo (Luisina Brando) y por un profesor de secundaria (Darío Grandinetti), militante de izquierdas y amigo de la infancia de los dos actores, que se ha refugiado en este lugar perdido para evitar la represión política. La comprometida obra teatral que preparan choca frontalmente con los intereses de los poderosos caciques del lugar, que se encuentran en plena campaña electoral.
En su segunda película como director, el argentino Alberto Lecchi (Perdido por perdido) repite muchos de los hilos narrativos con que hilvanó su magnífico guión de Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain. El principal de esos hilos pretende rescatar, después de un sincero examen de conciencia, los restos del naufragio del marxismo que todavía considera vigentes. En este punto, su perspectiva no deja de ser un tanto ingenua y amoral, sobre todo por aceptar la confusión de la libertad con un hedonismo un tanto ácrata. Pero resulta atractiva, porque su encendida y valiente llamada al compromiso frente a la injusticia social está planteada de un modo inteligente y ponderado, que renuncia a la apología de la violencia y la lucha armada, en beneficio de la consideración del arte —y en concreto, del teatro— como uno de los medios más eficaces de concienciación ética, política y social. Todo ello, además, desde una visión optimista, irónica pero no cínica, que confía en la recuperación del idealismo dormido de los ahora escépticos cuarentones y cincuentones —que han sido progresivamente "hippies, revolucionarios, desorientados y cínicos"—, así como en la capacidad de compromiso de las aparentemente apáticas y aburguesadas generaciones más jóvenes.
Este acertado enfoque dota de cercanía y entidad dramática a los sugestivos conflictos internos y externos de los diversos personajes, todos ellos muy bien perfilados sobre el papel e interpretados con calor, naturalidad y variedad de recursos por un espléndido elenco de actores. La puesta en escena de Lecchi, sencilla pero fluida, detallista y visualmente vigorosa, se pone al servicio de los actores, disimula algunos excesos discursivos y didácticos del guión y logra que el interés por la historia no decaiga hasta el intenso deselance. J.J.M.
Director: Alberto Lecchi. Intérpretes: Juanjo Puigcorbé (Ángel), Karra Elejalde (Eduardo), Darío Grandinetti (Tolosa), Luisina Brando (Mirta). País: España-Argentina. Año: 1996. Producción: Pablo Kompel, Claudio Pustelnik y Beatriz de la Gándara, para Fernando Colomo P.C. y Mandala Films, con la participación de TVE y Canal +. Guión: Alberto Lecchi y Daniel Romañach. Música: Iván Wyszogrod. Fotografía: Hugo Colacce. Dirección artística: Félix Sánchez Plaza. Montaje: Miguel A. Santamaría. Estreno en Madrid: 14-II-97. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora vídeo: Luna LLena. Duración: 110 minutos. Género: Comedia dramática. Premios principales: Premio de la Crítica y del Público en el Festival de la Habana 1996. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Contenidos específicos: S D.








