La primera noche de mi vida 
En este su primer largometraje, el joven cineasta alicantino Miguel Albaladejo ha logrado una hilarante comedia milenarista, emparentada con el nuevo cine social europeo —The Full Monty, Marius y Jeannette, Nubes pasajeras...—, pero cuya fórmula se remonta a muchos años atrás: en concreto, a las comedias italianas y españolas de los años cincuenta —Luigi Comencini, Federico Fellini, Luis García Berlanga...—, con algún que otro homenaje al maestro Frank Capra y al cómico español José Luis Ozores. Su éxito de crítica confirma la vigencia de este cóctel de incisiva crítica social y amable disección antropológica del final de siglo y de milenio.
Precisamente durante las últimas cinco horas de la Nochevieja de 1999 acaecen los singulares sucesos que plantea el chispeante guión, obra de la escritora y
periodista Elvira Lindo y del propio director, a partir de una idea original de la primera. A lo largo de esa noche emblemática, y sin salir del opresivo espacio de una barriada anónima de la periferia de Madrid, el azar entrecruza en mil y una peripecias a un variopinto grupo de personajes, muchos de ellos marginales; les hace fracasar en sus respectivos intentos de llegar a alguna parte; y finalmente los reúne para las doce campanadas en un lugar mágico, donde podrán estrenar el nuevo milenio con una visión más esperanzada de la vida.
Por esos fríos parajes suburbiales, con su mugre en las esquinas, sus pisos baratos, sus chabolas y sus sucias luces de neón, pasean su desamparo un modesto matrimonio a la espera inminente de su primer hijo; el rico e insolidario padre de la chica, que ya había olvidado cómo eran las cloacas del mundo; un joven delincuente de poca monta, su sufrida novia y su torpe compinche; el abuelo, la madre y el hermano del ladrón, y una amiga de la familia; un «mendigo profesional»; dos policías locales (hombres) y dos guardias civiles (mujeres); un taxista y su mujer, que apuran el fin de milenio en el interior del taxi; dos amigos que van a una fiesta, uno disfrazado de conejo y el otro de gamba; dos ingenuas y solitarias dependientas de una gasolinera, ya maduritas, pero todavía en busca de sus medias naranjas; y hasta tres perdidos surfistas alemanes que, como los Reyes Magos, seguirán el rastro de una estrella...
En su estructura de road-movie, la película aglutina un ritmo de comedia clásica de enredo con un tono de cuento navideño entre realista, surrealista y absurdo. El equilibrio entre estos ingredientes es el gran mérito del guión y de la puesta en escena, que avanzan con agilidad y progresión dramática, a través de jugosos diálogos y de eficaces gags visuales. En la resolución de estos recursos cabe elogiar los esfuerzos de Elvira Lindo y Miguel Albaladejo para no caer ni en un blando sentimentalismo pseudonavideño ni en el esperpento tópico y cruel tan característico de cierto cinismo al uso. Casi siempre tratan con respeto a sus personajes y al espectador, de modo que —salvo en alguna irreverencia y en varios diálogos soeces— evitan el mal gusto y logran que los numerosos golpes de humor funcionen por la propia inteligencia y humanidad de su planteamiento.
Ciertas alusiones permisivas al aborto, el lesbianismo o las relaciones sexuales extramatrimoniales ponen de manifiesto que los propios autores participan un poco del desconcierto moral y de la falta de trascendencia de sus personajes, y confirman que los eficaces paralelismos con el Nacimiento de Cristo y la Adoración de los Magos no pasan de ser simples recursos cómico-narrativos. En cualquier caso, los autores exponen su elogio de la caridad y su crítica al materialismo con abierta sencillez, lo que hace que la historia resulte muy entrañable en su melancólico optimismo: un optimismo con los pies en la tierra, que no olvida los dramas de la pobreza, el desempleo, las «familias desestructuradas», la ausencia del padre.., pero que sabe esquivar tantos fatalismos postmodernos a base de confianza en la «buena gente» y de un sentido del humor incombustible, como demuestra el genial cameo del escritor Antonio Muñoz-Molina, esposo de Elvira Lindo.
Todo lo dicho se habría quedado en muy poco sin el magnífico trabajo de todo el reparto, especialmente meritorio si se tiene en cuenta el carácter coral del film. El caso es que los actores —y sobre todo Emilio Gutiérrez Caba y el niño Íñigo Garcés, ambos premiados en el I Festival de Málaga— encarnan a la perfección a sus personajes y saben sacar partido a sus particulares momentos de gloria, sin debilitar a los otros personajes. Por su parte, la contrastada fotografía de Alfonso Sanz Alduán y la sugestiva —aunque un poco insistente— partitura de Lucio Godoy subrayan el tono mágico de esta original opera prima, que ha devuelto a la comedia española un aire fresco del que estaba muy necesitada desde hacía años. J.J.M.
Director: Miguel Albaladejo. Intérpretes: Leonor Watling (Paloma), Juanjo Martínez (Manuel), Emilio Gutiérrez Caba (Padre de Paloma), Carlos Fuentes (Johny), Mariola Fuentes (Jasmina), Roberto Hernández (Litri), Manuel Zarzo (Taxista), María José Alfonso (Mujer del taxista), Íñigo Garcés (Joselito), Anna Lizarán (Madre de Johny), Adriana Ozores (Adri), Antonia San Juan (Toñi), Carlos de Gabriel (Conejo), Mario Arias (Gamba), Chema de Miguel (Mendigo), Elvira Lindo (Cardona), Geli Albaladejo (Benítez). País: España. Año: 1998. Producción: Mariel Guiot, para Alphaville, con la participación de Haut & Court y La Sept Arte. Argumento: Elvira Lindo. Guión: Elvira Lindo y Miguel Albaladejo. Música: Lucio Godoy. Fotografía: Alfonso Sanz Alduán. Dirección artística: Ángel Sarrión. Montaje: Ángel Hernández. Estreno en Madrid: 18-VI-98. Distribuidora cine: Lolafilms. Distribuidora vídeo: Manga. Duración: 85 minutos. Género: Comedia costumbrista. Premios principales: Premios a la mejor película y actor (Emilio Gutiérrez Caba), Premio del Público y mención especial a Íñigo Garcés en el I Festival de Cine Español de Málaga 1998. Premio 1998 al mejor guión original del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), y candidatura al Premio Gimeno-Revelación (Miguel Albaladejo). Candidatura al Premio Goya 1998 al mejor director novel (Miguel Albaladejo). Premios a la mejor película, guión y actriz (Adriana Ozores) en el Festival de Peñíscola 1999. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Contenidos específicos: S D.








