Matrix Revolutions 
Matrix Revolutions confirma lo que ya nos hizo sospechar Matrix Reloaded: ambas películas sobran. Matrix, film iniciador de la saga, era en realidad el principio y el final. Hizo historia en el campo de los efectos especiales, y supo plantear un puñado de cuestiones interesantes, que le conceden un puesto relevante en el cine de la ciencia ficción: el mundo de apariencias en que podemos vivir, la rebelión de las máquinas, la necesidad de ser salvados, el Elegido, mesías de reminiscencias judeocristianas... Pero cuesta creer a los hermanos Wachowski cuando afirman que siempre tuvieron la idea de una trilogía. Porque la segunda y la tercera entrega nacen con una herida de muerte: no tienen nada de entidad que aportar, en el ámbito argumental. Son, eso sí, películas entretenidas, bien rodadas, con espectaculares escenas de acción. En la que nos ocupa, destacan la invasión de los centinelas, con engendros mecánicos de rara perfección, y el combate final bajo la lluvia, entre Neo y el agente Smith, de proporciones épicas. Pero cuando estos films tratan de explorar nuevos territorios, detallar ese mundo futurista, patinan. Se deslizan por el resbaladizo suelo de la jerga informática, algo que quizá agrade a los adictos a las nuevas tecnologías, pero que nada dice, ciertamente, acerca de la realidad del hombre, del sentido de su vida. Otro problema que presentan es la frialdad de los personajes. Lo que funciona en la primera parte, aquí no lo hace tanto: Neo, Trinity y compañía son ya viejos conocidos, queremos saber más de ellos. Su hermetismo, sin embargo, nos niega su amistad.



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Man on the Moon 
Beyond Rangoon
Manny & Lo 



